Quiero valor, carajo. Una comprensión asquerosamente acertada sobre lo que debo temer y lo que no. Soy mala para la división de los conceptos -no sé sesgar lo propio- mucho menos lo impropio y por eso me atrevo a tanto más. No me sirve desarrollar la sobriedad porque después intervienen la admiración, el asombro en la génesis y otras yerbas que no quiero fumar. Ese Efecto Pigmaleón del que he sido víctima me hace victimaria forever.
Aquí y ahora: importa una vehemente, asidua y deleitable aplicación (o tendencia del ánimo) a la conquista esforzada del amor propio. Narcisa, no Cecilia
sábado, 26 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
buenísimo...
cada mañana mi narciso habla con mi espejo mientras yo me siento a escucharlos...
joer...
Me pasa! ya nos juntaremos a ver si tu narciso conversa con el mio (shhhh! no les digas nada, a ver si después les da timidez)
Publicar un comentario